Nº 56. Enfrentarnos por la Historia
Algunos han descubierto un filón en la vieja fórmula de enfrentarnos unos a otros utilizando la historia. Un factor más a añadir para diferenciarnos ideológicamente, levantar muros y separarnos, para seguir minando la convivencia democrática, el pilar y principio fundamental en el que se asienta un Estado como debe ser o se intitula el nuestro.
Ya hemos explicado en alguna ocasión los marcos mentales de los que se apropian determinadas ideologías o militancias políticas, no admitiendo a los que no sean de su cuerda ocupen ese espacio del que se sienten dueños. El sumun, ejemplo de ello, y que nos sirve a la perfección es ese que dice: Soy feminista porque soy socialista. Y podemos poner mil ejemplos más, aplicables a lo que digo. Alguien que se llame de izquierdas no puede admirar al imperio romano, ni a la reina Isabel la Católica, ni a Cristóbal Colón, ni mucho menos a los conquistadores de América, como Hernán Cortés, ni a Calos III, prácticamente a ningún rey, ni a los liberales del XIX. Y por supuesto en la Guerra Civil no hubo un bando vencedor, ya que a este no le correspondía la victoria. No se dan cuenta que en una guerra fratricida como la nuestra no gana nadie, todos las perdimos, por culpa de todos.
Ahora resulta que hay que pedir perdón por todo lo malo que esta nación ha hecho a lo largo de la historia, los romanos a los celtíberos, los árabes a los visigodos, los cristianos a los árabes, los descubridores a los indígenas, los conquistadores de América a los aztecas, a los olmecas, a los mayas, a los incas..., los Borbones a los Austrias, los nacionales a los republicanos revolucionarios, y así podríamos seguir hasta el infinito...