ÂżDe esta manera... o no?
A menudo decimos: «Asà soy yo».
O: «Asà es él... asà es ella».
Pero, ¿qué estamos diciendo realmente?
PermĂtanme darles un ejemplo.
Cuando un panadero hornea un pastel, esa creaciĂłn no se conoce verdaderamente hasta que se saca y se expone. Se ve, se huele, se prueba.
Cumple su propĂłsito cuando se comparte, se celebra y se disfruta.
Cuando un artista crea una obra de arte, esta no estĂĄ destinada a permanecer oculta en el estudio.
EstĂĄ destinada a ser exhibida, admirada y a conmover los corazones de quienes la contemplan.
Existe para impactar la vida.
Tanto el pastel como la obra de arte fueron creados con intenciĂłn. Con un propĂłsito.
Y tĂș tambiĂ©n.
Y yo también.
Fuimos creados con un propĂłsito: el de compartir amor, el de reflejar belleza, el de manifestar el diseño Ășnico que nuestro Creador depositĂł en nuestro interior.
Asà que, cuando decimos: «Asà soy yo», debemos preguntarnos:
¿Estamos aceptando quiénes somos... o estamos limitando aquello en lo que podemos convertirnos?
Si un pastel se daña, el repostero puede repararlo.
Si una pintura parece incompleta, el artista puede volver a ella, añadir detalles, intensificar los colores e incluso transformar la obra por completo.
El creador siempre tiene la autoridad para perfeccionar lo que ha sido hecho.
Lo mismo ocurre con nosotros.
¿Quién conoce los desastres que hemos hecho en nuestras vidas?
¿Quién conoce los errores, las malas decisiones, las etapas de quebranto?
Nosotros los conocemos.
Y Dios los conoce.
Pero ĂL es el Ășnico que verdaderamente puede transformarnos.
Cuando declaramos: «Asà soy yo», como si fuera una afirmación definitiva, estamos, quizås sin darnos cuenta, sugiriendo que el Autor ya no puede moldearnos, perfeccionarnos ni restaurarnos.
Y, sin embargo... Ăl puede hacerlo.
Hoy es un buen dĂa para recordar que nuestro Creador no ha cambiado Su propĂłsito.
ÂĄEste no es el final, porque Ăl sigue haciendo nuevas todas las cosas!