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Entre Humanos

Podcast de Edgar Ochandorena

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Portada del episodio El problema de tener la razón

El problema de tener la razón

¿No estáis como muy cansados de que se os obligue a estar siempre posicionado en uno de los extremos ideológicos en cualquier situación de la vida? ¿Por qué no se nos permite la duda existencial? Realmente decir que no sabemos lo que creemos sobre alguna cosa, no sabemos cómo plantearnos una situación, donde posicionarnos y quedarnos en un punto medio, en un punto de inflexión que puede resultar incómodo, pero también válido. Al final yo, como más me planteo mi propia forma de pensar y mis creencias, y digamos que después de haber pasado por diferentes filosofías y haber estudiado o vivido ciertas prácticas religiosas dogmáticas, puedo decir que al final lo que más me encaja, lo que ha acabado cerrando el círculo de mi propia filosofía, es lo que yo llamo la integración, que no es para nada un concepto nuevo, es algo... que se ha utilizado muchísimo desde las diferentes filosofías de la New Age y la parte más espiritual, pero la integración, al final, es un concepto muy práctico, muy realista. La integración básicamente es aceptar que cualquier cosa (cualquier extremo de una situación) tiene su validez su razón de ser y, por lo tanto, su importancia y aquello que aportar. Sería intentar sacar lo bueno de ambos mundos. Voy a poner algunos ejemplos de cómo se ha ido dando esta situación en la historia e incluso ahora en la actualidad o cómo se ha reflejado esto que estoy diciendo. Por poner un ejemplo, empecemos con las religiones. Inicialmente el ser humano tuvo conciencia de sí mismo y empezó a ponerle características divinas a aquellas cosas que se escapaban de su comprensión. Aquello que no podía él entender, pues decía que era un dios. Y a medida que hemos ido entendiendo más cosas, le hemos ido quitando esa... característica divina. Por eso al principio cosas como el sol, el río, la lluvia, hasta el jabalí, eran dioses. Eso eran las religiones politeístas y con el tiempo se llegó a la idea de que solo había un dios que era aquello general como algo más grande que nosotros, que esos elementos de la naturaleza, que estaba fuera de este mundo físico, entonces eso era el Dios Uno. Y ahí aparecieron las religiones monoteístas. Primero empieza el judaísmo, senta las bases, luego viene, un tiempo después, el cristianismo, como rebeldemente para romper esas normas tan estrictas y esas formas de pensar del judaísmo e instaura el cristianismo. Pero luego, 500 años después, llega el Islam y hace lo propio con el cristianismo, como reformando y modernizando y actualizando esas ideas que tenían en cada una de esas religiones. Pero el caso es que para ellos son polos completamente opuestos. Y todos sabemos que en realidad lo que piensan simplemente tiene ciertos matices, ciertos detalles un poco diferentes, pero al final todos son hermanos de la misma idea, de creer que existe algo superior a ellos, que es un ente único, omnipotente, omnipresente, y al que, según una persona religiosa, pues hay que rendirle pleitesía. Digamos que la idea general es la misma. Son hijos de lo mismo, pero se pelean por los detalles, por el cómo hacer las cosas, por las formas. Vamos con otro ejemplo, un poco más actual, que yo incluso podría decir que es la nueva religión. La psicología, todo el tema del estudio de la mente. Inicialmente en la antigüedad, aquel que se dedicaba a estudiar la mente, a intentar entender qué pasaba en nuestro cerebro, era tratado más de brujo que de otra cosa. Era totalmente denostado por la sociedad, un “magufo”. Eso no era ciencia en ningún momento. Pero luego, con el tiempo se ha ido, digamos, haciendo mainstream, y se ha aceptado que la psiquiatría, ya era una parte más científica y más enfocada en la medicina, pues sí que tenía su validez. Y entonces todo el mundo estaba de acuerdo en que si había un enfermo mental, pues había que medicarlo. Y parecía lo más sensato, lo más lógico, lo que ayudaba a seguir manteniendo el estatus. Pero más tarde llegan nuestros amigos Freud, Jung y traen la psicología. Y claro, la psicología también es reformista en cuanto a la psiquiatría, te está diciendo, hombre, no hace falta que les enchuféis drogas a todos para calmarlos. Y eso lo único que hace es detener los brotes, etc... Pero el problema sigue estando ahí porque no estás actuando en el origen. Entonces proponen analizar la mente, analizar los traumas, el pasado, todo esto a través de la conversación y el análisis. Y más tarde incluso llegan cosas como el coaching o el acompañamiento, la PNL, todas estas nuevas técnicas que proponen más un acto de presencia, de escucha activa y de devolución del discurso de la persona para poder tener ciertas revelaciones, algo incluso menos invasivo, menos directivo. Y claro, reformando y denostando a la psicología. Y las peleas que tenemos y que hay entre todos, que al final somos, otra vez, hijos de lo mismo, son increíbles. O sea, no hay posibilidad de entendimiento entre las personas que, al fin y al cabo, están intentando entender y tratar los problemas de la mente. Y al final, pues, todos tienen parte razón, porque hay casos en los que un problema mental necesita de una medicación para poder hacer una vida normal y también es cierto que a base de conversación, análisis, escucha activa se pueden solucionar muchas cosas, se puede llegar al origen. Lo interesante de todo esto es que tenemos un hecho en concreto, una situación y hay una riqueza en el hecho de observarla desde diferentes puntos de vista. Pero no solo desde diferentes puntos de vista, sino con marcos conceptuales diferentes. Entonces, claro, parecen cosas contradictorias cuando en realidad son compatibles. Pero si os fijáis, aunque estoy diciendo todo esto, no hay que irse al punto medio absoluto. Porque en realidad lo que sería el punto medio entre dos extremos, el equilibrio perfecto, no tiene movimiento. Y si no tiene movimiento, quiere decir que se asemeja un poco a la muerte, por decirlo de alguna manera. El corazón tiene sístole, diástole, ¿no? Y eso es lo que hace que estés vivo. Tienes que vivir, de alguna manera, apasionándote, defendiendo situaciones, defendiendo unos ideales, unos puntos de vista. Pero, eso tampoco te tiene que llevar a vivir al extremo de la negación del otro polo. Lo que sucede es que cuando vives en ese punto, que para mí es el punto ideal, entre el equilibrio puro y cualquiera de ambos extremos que puedas encontrar, es un punto bastante incómodo de llevar porque cuando uno cree tener una razón absoluta, una creencia firme, vive tranquilo, no tiene que preguntarse nada, no tiene que ponerse en duda. Vivir en esos puntos intermedios es una presión constante de poner en duda y aceptar. Hay que hacer un esfuerzo muy grande para integrar esa otra parte en nuestro pensamiento. Es el pensamiento crítico, por decirlo de alguna manera. Al final es innegable que no todo el mundo es capaz de estar en esa incertidumbre, en esa duda. Pero lo que está claro es que cuando escuchas a personas que tienen gran sabiduría, por lo menos desde mi punto de vista, aquel que ha llegado a un punto más elevado de conciencia, vive en la duda. Llega a la humildad de no saber. Cuanto más sé, menos sé. Entonces, yo personalmente huyo de aquellas personas que aseguran tener la razón al 100%. Y esto, si os metéis en redes sociales, veréis cómo estás ahí constantemente escuchando personas que hablan con una seguridad absoluta. Y de hecho, yo mismo estoy utilizando la pasión para hablar en este momento, pero reconozco en mí la incapacidad de asegurar nada a ciencia cierta, porque entonces estaría siendo deshonesto con la verdad en la que yo creo y conmigo mismo. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit www.edgarochandorena.com [https://www.edgarochandorena.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1]

25 de abr de 2026 - 11 min
Portada del episodio Quiero a un autista como presidente

Quiero a un autista como presidente

Hoy no quiero andarme con rodeos: quiero hacer una reivindicación y romper una lanza por nuestra minoría, la de los neurodivergentes. Quiero proponer un cambio de paradigma en el que las personas con autismo, con TDAH o con altas capacidades sean quienes asuman la responsabilidad de gobernar. No es una idea lanzada al aire; es una respuesta a un límite que considero ya insostenible. El escenario político actual se ha convertido en una representación de máscaras, un teatro emocional y populista que oculta un trasfondo puramente pragmático y económico. Frente a estas estructuras jerarquizadas del pasado, creo que estamos preparados para abandonar el paternalismo y buscar una horizontalidad donde cada uno se haga responsable de su parte. La neurodivergencia nos obliga, a menudo, a pensar y crear fuera del molde gracias al pensamiento lateral. En el caso concreto del autismo, existe una resistencia natural a fingir aquello que no se siente. Para una mente así, la hipocresía colectiva no tiene sentido dentro de su lógica interna. Imaginad por un momento a un presidente autista: * Prioridad informativa: Antepondría la precisión del detalle y la realidad de los datos por encima de su propia imagen o ego. * La lógica del “nosotros”: En muchas mentes divergentes, no existe una frontera rígida entre el beneficio propio y el ajeno. No es una cuestión de “bondad” idílica, sino de racionalidad: beneficiar al otro crea un círculo virtuoso que ayuda al conjunto, mientras que el individualismo extremo nos deja vendidos. * Justicia innegociable: El sentido de la justicia es un rasgo fascinante y protector. Un líder así no podría estar satisfecho sabiendo que existe pobreza o malestar social. Incluso sería capaz de contradecir a su propio partido para mantenerse fiel a la verdad de los datos. A menudo se nos habla del pensamiento arborescente o de la complejidad de pensar en forma de red. Esta capacidad permite encontrar patrones donde otros solo ven hechos aislados. Un líder con esta estructura mental no se quedaría en la superficie de lo que es popular o ideológicamente conveniente. Usaría su hiperfoco para entender el origen real de los problemas (ya sea una crisis económica o un conflicto social) y buscaría soluciones de raíz en lugar de limitarse a las relaciones públicas. Por otro lado, hay que desmontar un mito: el autista no carece de empatía, suele ser todo lo contrario; es hiperempatíco. Lo que sucede es que, a veces, la intensidad de sentir tanto es tan abrumadora que la persona se cierra o intelectualiza para poder sobrevivir. Prefiero mil veces a un líder que no sepa qué cara poner o cómo gesticular ante una cámara, pero que se obsesione con que nadie pase hambre o frío. Esa es una empatía que se vive en silencio, sin necesidad de grabarse dándole caridad a alguien para publicarlo en redes. Es una integridad que nos mantendría a salvo de la corrupción que nos rodea. Eso sí, quiero ser muy claro con un matiz: ser neurodivergente no es un cheque en blanco. Para tener capacidad de liderazgo, esa persona tiene que estar trabajada internamente. Si no hay consciencia, un autista puede caer en el enmascaramiento (como yo mismo he hecho gran parte de mi vida) y acabar desconectado de su esencia. Necesitamos líderes que sean observadores y comprometidos, menos “machos alfa” defendiendo causas y más personas capaces de ver la realidad sin adornos. Si eres de los que siente que no encaja por estas características, quiero decirte que no es algo negativo; es un potencial impresionante. Mi trabajo diario es precisamente ese: encontrar el oro que hay detrás de las dificultades comunicativas de quienes se sienten “parias”. Se trata de transformar esos supuestos defectos en nuestras mayores fortalezas para lograr cosas por encima de la media. Estamos reescribiendo nuestra historia y necesitamos mentes brillantes que alcancen hitos reales, más allá de la elocuencia y el saber quedar bien. P.D. Te dejo un formulario para que me escribas y me cuentes un poco como estás viviendo toda esta experiencia de sentirte ajeno a los humanos que te rodean. Me ayuda a conoceros y a mejorar en mi creación de contenido. [ Formulario de contacto ] [https://forms.edgarochandorena.com/4jw2GM] Hablamos la semana que viene, Un abrazo. Edgar. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit www.edgarochandorena.com [https://www.edgarochandorena.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1]

18 de abr de 2026 - 19 min
Portada del episodio Nuestro cerebro es como un PC

Nuestro cerebro es como un PC

Hoy quiero que nos metamos literalmente dentro de nuestra cabeza. Pero no vamos a dar una clase teórica de neuropsicología, sino que vamos a usar un símil que a mí me ayuda mucho a entender cómo funcionamos: comparar nuestro cerebro con un ordenador. Al final, los ordenadores son hijos nuestros y los hemos diseñado a nuestra imagen y semejanza. Igual que un software puede colgarse o ir lento si la tarjeta gráfica no da para más, a nosotros nos pasa lo mismo. Vamos a analizar las 9 funciones ejecutivas de nuestro cerebro como si fueran componentes de hardware y software de nuestra propia arquitectura interna. Entender esto es clave, no para etiquetarnos, sino para conocernos mejor, dejar de machacarnos y entender por qué a veces nuestro “GPS” interno necesita recalcular. 1. Velocidad de procesamiento: El procesador Es lo rápido que viajan los datos en tu cabeza. Hay personas con un procesador de última generación que pillan las bromas al vuelo o hacen cálculos mentales increíbles. Pero ojo, que alguien responda despacio no significa que su procesador sea peor; a veces es que prioriza la calidad de la información sobre la rapidez. Es como pasar un archivo de texto ligero (que vuela) frente a un vídeo en 4K (que tarda más). Muchas personas con TEA, por ejemplo, prefieren asegurar bien cada paso antes de hablar. 2. Memoria de trabajo: La memoria RAM Es ese espacio limitado donde guardas la información que estás usando justo ahora. Imagina que intentas recordar un número de teléfono y, de camino, alguien te avisa de una reunión. Tu RAM se llena y, de repente, el número desaparece. Esto explica por qué las personas con TDAH a veces van a la cocina, miran un mensaje en el móvil y, al abrir la nevera, ya no saben qué buscaban. Aceptar los límites de tu propia RAM te ayuda a dejar de castigarte por ser “despistado”. 3. La inhibición: El Firewall Es el cortafuegos que detiene los impulsos automáticos. Si alguien te insulta por la calle, tu instinto puede ser soltar un puñetazo, pero la inhibición pone la razón delante y frena la conducta. Es la base de la civilización. Un firewall muy permeable te hace impulsivo (común en el TDAH), mientras que uno muy rígido puede hacer que parezcas frío o te bloquees por miedo a salir de tu zona de confort. 4. Acceso a la memoria: El disco duro Aquí guardamos terabytes de vivencias de toda una vida. El problema no suele ser que la información no esté, sino que el “bibliotecario” encargado de buscarla no es muy ágil. Es lo que pasa cuando tienes un nombre en la punta de la lengua: el archivo está en el disco duro, pero el sistema de búsqueda se ha quedado en blanco. 5. Ejecución dual: La doble pantalla Es la capacidad de hacer dos cosas a la vez sin que una pise a la otra. Un ejemplo muy claro en las neurodivergencias es la dificultad con el contacto visual. Escuchar y, a la vez, procesar toda la información no verbal de la cara de otra persona consume tanta energía que, a veces, el sistema tiene que elegir: o te miro o te escucho bien, pero las dos pantallas a la vez nos cuelgan el sistema. 6. Flexibilidad cognitiva: La actualización del software Es como el GPS que recalcula la ruta cuando te saltas una salida. Hay mentes con sistemas muy rígidos donde, si cambias el plan inicial, se produce un bloqueo total. La flexibilidad es lo que nos permite encontrar rutas alternativas y está íntimamente ligada a la creatividad: ser capaz de salir del molde establecido. 7. Planificación: La vista previa Es el diagrama de flujo que creas antes de actuar. Te permite visualizar en el futuro los pasos necesarios para algo complejo. Es esa capacidad de “ver” cómo va a quedar la web antes de terminar de programarla. 8. Multitarea (Branching): El administrador de tareas Parecido a la ejecución dual, pero con muchas más ventanas abiertas. Como bien sabemos, cuanto más le metas al administrador de tareas, más posibilidades hay de que el sistema se ralentice o acabe crasheando. En nuestro día a día, si no vamos “guardando el estado” de cada tarea, acabamos perdiendo información por el camino. 9. Toma de decisiones: El algoritmo Aquí es donde procesamos todo lo anterior para elegir un camino. A veces este algoritmo funciona de forma muy intuitiva. Me pasa a menudo, y seguro que a vosotros también, que hay personas que “no trago” de entrada sin saber por qué. Mi cerebro ha detectado un patrón, una sutil falta de coherencia o una microexpresión que no me encaja, y el algoritmo me lanza un aviso antes de que yo pueda explicarlo racionalmente. ¿Para qué sirve todo este análisis? No es para que te sientas como un ordenador defectuoso, sino para que entiendas las instrucciones de tu propio sistema operativo. Si hoy tu RAM está saturada o tu firewall está demasiado rígido, no es porque seas “raro”, es porque tu arquitectura funciona así por una razón. Con este autoconocimiento evitas machacarte o sentir culpa por no llegar a todo. Eres capaz de dejar que ese GPS recalcule sin entrar en pánico. Entender estas funciones te ayuda, en definitiva, a conectar con tu autenticidad y a relacionarte con los demás de una forma mucho más honesta y centrada. P.D. Te dejo un formulario para que me escribas y me cuentes un poco como estás viviendo toda esta experiencia de sentirte ajeno a los humanos que te rodean. Me ayuda a conoceros y a mejorar en mi creación de contenido. [ Formulario de contacto ] [https://forms.edgarochandorena.com/4jw2GM] Hablamos la semana que viene, Un abrazo. Edgar. This is a public episode. 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11 de abr de 2026 - 30 min
Portada del episodio Ir al cine tu solo

Ir al cine tu solo

Hoy quiero hablar de un tema en el que me he visto involucrado muchas veces y que afecta a muchísimas personas en este momento donde la soledad parece una epidemia que lo arrasa todo. Hablo del hecho de hacer actividades de ocio (esas que normalmente haríamos en pareja o con amigos) totalmente solo. No es nada nuevo decir que, si te vas a comer a un restaurante en solitario, es muy probable que percibas que el resto te mira con lástima, pensando: “Pobre, no tiene a nadie con quien venir”. Pero hay otra realidad paralela: a veces, aunque tengas un círculo amplio de amistades, quieres hacer algo y nadie está disponible. En ese momento, solemos ceder y nos quedamos en casa. Lo que estamos haciendo, en el fondo, es dejar que la agenda de los demás dirija nuestra propia vida. Mi propuesta es forzar ese ir solo a voluntad, incluso teniendo gente a disposición. Es un entrenamiento para eliminar la dependencia de terceros y cambiar ese lenguaje interno de “víctima” por una actitud de aventura y exploración. No podemos negar que existe un miedo biológico, casi un pánico, a entrar solo en un sitio. Como animales sociales, nuestro instinto nos dice que estar fuera de la manada es peligroso. Sin embargo, ese miedo puede ser reacondicionado. Al igual que vas al gimnasio a fortalecer el bíceps, puedes “poner fuerte” tu vergüenza. Al principio cualquier peso pesa mucho y te sientes ridículo por novato, pero la clave es plantearse objetivos a corto plazo. Tu único objetivo ese día debe ser el acto físico de salir de casa. Olvídate de conocer al amor de tu vida o de ser el alma de la fiesta. Si sales por la puerta, ya es un micro-éxito. Si entras al sitio y a los cinco minutos te agobias y te vas, está bien; ya has cumplido con tu entrenamiento. El gran problema son las expectativas. Están en el futuro y no tenemos control sobre ellas. Si vas con la idea fija de conocer a alguien y no sucede porque los demás están cerrados en sus grupos, sentirás frustración y te machacarás a ti mismo. Estarías poniendo tu bienestar, otra vez, en manos de desconocidos. Yo he aprendido a transformar la expectativa en una sensación del momento presente. En lugar de pensar qué quiero que pase, pienso en cómo quiero sentirme. Por ejemplo: * “Hoy solo quiero explorar y descubrir el lugar”. * “Hoy quiero disfrutar del techno, bailar y entrar en trance”. Paradójicamente, cuando disfrutas de tu propia compañía sin la ansiedad de necesitar conectar, te vuelves mucho más magnético porque se te ve menos desesperado. Las relaciones humanas tienen un componente de azar que debemos aceptar. Pero si te quedas en el sofá, las probabilidades de que algo te sorprenda son cero. Es como en el mundo de las ventas: de 50 personas a las que hablas, quizá solo conectas con una, pero tienes que estar ahí fuera para que esa probabilidad exista. Incluso si te aburres o pasas algo de vergüenza, siempre aprendes algo sobre cómo reacciona tu mente ante la incomodidad. Eso sí, siempre con autocuidado. Para los que somos neurodivergentes, es vital medir nuestra energía social. Forzar la socialización más de la cuenta puede ser perjudicial. Cuando vas solo es cuando ocurren las cosas más alucinantes. Siempre cuento que, viviendo en Ibiza, fui un dia solo a la playa a tomar una cerveza. Alguien me tiró sin querer una cerveza en la espalda y, unas horas después, terminé en el reservado de la discoteca más grande de la isla, invitado a todo y viviendo una fiesta increíble. Si hubiera ido acompañado, esa aventura jamás habría sucedido. El premio final de todo este trabajo es la independencia emocional. Dejas de acudir a planes que no te gustan solo por no estar solo. Ahora, cuando quedas con alguien, es porque realmente quieres estar con esa persona, no por miedo al vacío. Esa tranquilidad interna se nota en tu postura, en tu mirada y en tu asertividad. La próxima vez que veas un plan que te apetece, tómalo como una cita contigo mismo. Quédate contigo y descubre la riqueza interna que tienes. No te exijas nada más que estar ahí fuera. Al final, el viaje más importante no es hacia los demás, sino el que haces para sentirte cómodo en tu propia piel. Hablo de esto porque me ha pasado. He sido una persona muy tímida a la que le costaba horrores relacionarse, y aunque sigo sin ser el primero en dar el paso, he aprendido a vivirlo así. Si esto os sirve de algo, me doy por satisfecho. P.D. Te dejo un formulario para que me escribas y me cuentes un poco como estás viviendo toda esta experiencia de sentirte ajeno a los humanos que te rodean. Me ayuda a conoceros y a mejorar en mi creación de contenido. [ Formulario de contacto ] [https://forms.edgarochandorena.com/4jw2GM] Hablamos la semana que viene, Un abrazo. Edgar. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit www.edgarochandorena.com [https://www.edgarochandorena.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1]

4 de abr de 2026 - 15 min
Portada del episodio P.O.V. Identificación ASCI

P.O.V. Identificación ASCI

Hoy quiero que hagamos un viaje. Un viaje de exploración por el proceso de identificación de las Altas Capacidades, pero visto desde los ojos de un adulto. A menudo, cuando hablamos de altas capacidades, pensamos en niños, en el colegio, en las notas o en la precocidad. Pero, ¿qué pasa con ese adulto que lleva 30, 40 o 50 años sintiéndose un bicho raro? ¿Qué pasa con esa persona que siempre ha sentido que su cabeza va a una velocidad distinta, que se emociona de forma “intensa” o que no termina de encajar en las conversaciones de ascensor? La semilla de la sospecha Todo suele empezar de forma casual. Quizás viste un vídeo en YouTube, leíste un artículo o escuchaste a alguien hablar de neurodivergencia y, de repente, algo hizo clic. Sentiste un escalofrío. Esa descripción de “pensamiento arborescente”, de intensidad emocional, de saltar de un tema a otro sin aparente conexión... te describía a ti. En ese momento se abre una brecha. Por un lado, sientes un alivio inmenso: “No estoy roto, no soy un bicho raro, quizás hay una explicación”. Por otro, aparece el miedo. El miedo a estar inventándotelo, a querer sentirte “especial” para justificar tus fracasos o tus dificultades relacionales. El “trámite” de la identificación Entonces llega la gran pregunta: ¿Me hago las pruebas? ¿Paso por el proceso de diagnóstico oficial? Para un adulto, esto no es solo un test de inteligencia; es ponerle nombre a toda una vida de incomprensión. Imagina la escena: estás ahí, frente a un profesional, enfrentándote a un test (normalmente el WAIS). Sientes una presión absurda. De repente, te ves a ti mismo con 40 años haciendo rompecabezas de cubos o buscando patrones en dibujos, con el corazón a mil. Aparece el síndrome del impostor: “¿Y si saco una puntuación normal? ¿Y si resulta que no tengo nada y simplemente soy así de complicado porque sí?”. Es un momento de vulnerabilidad máxima. Estás permitiendo que alguien “mida” tu mente. Pero lo que realmente estamos buscando no es un número de CI alto para colgarlo en la pared. Lo que buscamos es una confirmación para poder expresar lo que somos sin ser juzgados. Un mapa para tu mente La identificación en adultos tiene una función terapéutica y reconstructiva. Te permite mirar hacia atrás, a ese niño que se sentía solo en el patio, a ese adolescente que no entendía las jerarquías sociales o a ese profesional que se aburre soberanamente en reuniones interminables, y decirles: “Está bien. Tu cerebro funciona así. No hay nada malo en ti”. A veces, el resultado del test nos sorprende. Quizás esperabas ser “un genio en matemáticas” y resulta que tu fuerte es la comprensión verbal o la velocidad de procesamiento. O quizás descubres que tienes una “disincronía”: que eres brillante en unas áreas pero te colapsas con la gestión emocional o con tareas ejecutivas simples. Y ahí es donde entra la verdadera aceptación del autoconocimiento. La paz del autoconcepto Al final, la idea no es colgarte una etiqueta. Es encontrar esa ansiada paz mental que te da la autoaceptación. Se trata de entender que tu “intensidad” no es un defecto, sino una característica de tu sistema operativo. Cuando dejas de intentar encajar en esa “masa uniforme” que a veces parecen las redes sociales o la sociedad, y empiezas a comunicarte desde tu verdadera esencia (desde tu neurodivergencia), es cuando ocurre la magia. Dejas de pedir perdón por ser como eres. Si estás en ese proceso, si tienes dudas, o si ya has pasado por ahí y te sientes abrumado por el resultado, recuerda que esto solo es una herramienta para conocerte mejor. El objetivo final es lograr una conexión más auténtica contigo mismo y, por extensión, con los humanos que te rodean. Gracias por acompañarme en este viaje. Al final, se trata de entender que todos somos personas interactuando con otras personas, cada uno con su propio cableado, intentando demostrar aquello que nos hace humanos. P.D. Te dejo un formulario para que me escribas y me cuentes un poco como estás viviendo toda esta experiencia de sentirte ajeno a los humanos que te rodean. Me ayuda a conocerte y a mejorar en mi creación de contenido. [ Formulario de contacto ] Hablamos la semana que viene, Un abrazo. Edgar. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit www.edgarochandorena.com [https://www.edgarochandorena.com?utm_medium=podcast&utm_campaign=CTA_1]

28 de mar de 2026 - 25 min
Soy muy de podcasts. Mientras hago la cama, mientras recojo la casa, mientras trabajo… Y en Podimo encuentro podcast que me encantan. De emprendimiento, de salid, de humor… De lo que quiera! Estoy encantada 👍
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MI TOC es feliz, que maravilla. Ordenador, limpio, sugerencias de categorías nuevas a explorar!!!
Me suscribi con los 14 días de prueba para escuchar el Podcast de Misterios Cotidianos, pero al final me quedo mas tiempo porque hacia tiempo que no me reía tanto. Tiene Podcast muy buenos y la aplicación funciona bien.
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La App va francamente bien y el precio me parece muy justo para pagar a gente que nos da horas y horas de contenido. Espero poder seguir usándola asiduamente.

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